Cuando te dicen que tú eres lo más importante, te están engañando. De hecho, en el mundo real suele ocurrir que, cuanto más tú mismo eres, cuanto más individuo te aseguran que puedes llegar a ser, menos importancia tienes para el resto de tus semejantes. En el mundo real suele ocurrir que tu individuación es tu invisibilidad, y tu unicidad es tu intrascendencia. Cuídate, te mereces lo mejor, tu opinión es necesaria, lo que sientes ha de ser respetado por todos; supongo que ninguno de estos lemas te es ajeno.

Cuando te dicen que tú eres lo más importante, en realidad están intentando que no te des cuenta de que vives cada vez más aislado. No estás solo, te aseguran, eres libre, y la gente que es libre debe pensar primero en sí misma. Sin embargo, resulta que, cuanto más piensas en ti mismo, más dependes de todo lo que se ha inventado para que nunca percibas que eres una isla. Tu libertad es inversamente proporcional a tu grado de autonomía. El teletrabajo te obliga a trabajar más horas y tu ocio es cada vez más inmersivo y solitario. Esta es la diferencia entre el mundo del siglo XXI y el del resto de la historia.

El mundo del siglo XXI es un gigantesco parque temático del ego donde te han enseñado a desconfiar de las normas colectivas que te hacen ser alguien muy parecido a los demás. Porque sin límites no hay horizonte, y sin horizonte solo puedes contemplarte a ti mismo, el mundo del siglo XXI te quiere libre de arraigos sociales y te promete la superación de todos los obstáculos, incluidos los biológicos. Tu cuerpo, tu opinión, tus sentimientos: ahí tienes la santa trinidad de la nueva religión del yo, el engaño que te empuja a despreciar cuanto se sitúa más allá de tu subjetividad. 

Mírate al espejo si quieres saber cuál es el resultado de todo esto. Verás a una persona que ha sustituido los ideales que apelaban a lo colectivo (mayoría, clase social, nación) por ideologías de lo identitario (minoría, género, etnia). Alguien que es cada vez más pequeño porque ignora que la envergadura de uno mismo es siempre irrelevante. Un ser ensimismado que, sin la referencia de todos aquellos que son como él, únicamente encuentra consuelo en la mitología de la autoconfianza, que en el fondo no es sino el eufemismo de la autocompasión.

Imagen de Chema Madoz.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s