Ocho sílabas

Siempre me ha gustado pensar que el idioma español respira en octosílabos. La prosopopeya no es mía, sino de Tomás Navarro Tomás. Según él, el grupo fónico medio del español (la parte de discurso que un hablante pronuncia de corrido entre dos pausas respiratorias) está compuesto por ocho sílabas, la cantidad de aire que los pulmones expulsan en condiciones normales antes de que se necesite inspirar de nuevo. El verso por excelencia de nuestra literatura respondería así a una necesidad fisiológica que lo convertiría en algo que supera los límites de lo literario.

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Siempre está amaneciendo y huele a mar

En ocasiones, sin que lo sospechemos, el mundo entra en la literatura a través de la lectura para ponerle un decorado. Los primeros en percatarse fueron los románticos del Grand Tour. Goethe lee a los clásicos en su viaje por Italia y siente que los textos, que en la neblinosa Weimar eran espíritu y pensamiento, «se convierten en objeto, en cuerpo» entre las ruinas de Roma. No se puede describir mejor esta influencia: en el momento en que el exterior se infiltra en la lectura, esta se cosifica, adquiere una forma y un volumen casi tangibles. 

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