Un nuevo salto al vacío

Uno de los mayores traumas históricos que ha sufrido España es la invasión napoleónica de 1808. Horrorizan las cifras: entre 375.000 y 500.000 víctimas directas e indirectas, unos 30.000 exiliados, alrededor de 1.500 obras maestras robadas, la totalidad de la incipiente industria destruida, y el principio del fin del imperio hispánico. El trauma alcanza cotas de auténtica tragedia si además se tiene en cuenta que aquella guerra es, en cierto modo, una conflicto civil que enfrenta a afrancesados y patriotas, y que crea para la posteridad el mito de las «dos Españas», de tan exitosa trayectoria.

Seguir leyendo

Decencia común

El corte es profundo, tanto que la sutura, de producirse, tardará décadas en cerrarlo. A un lado quedan los políticos, sus patrocinadores económicos en la sombra y sus palmeros mediáticos, dedicados todos ellos a instilar el veneno de la discordia civil. Al otro, los individuos que, ante la tragedia, se ayudan unos a otros y sacan lo mejor de sí mismos. Qué mal trago habrán pasado las banderías del Congreso de los Diputados al escuchar el testimonio del hombre anónimo que saca del coche a la mujer anónima antes de que el agua se los lleve. O al enterarse de que todo un pueblo se coordina improvisadamente para rescatar a los supervivientes de un accidente de tren. ¿Y las dos Españas?, se habrán preguntado sin percatarse todavía de que las únicas dos Españas que existen son ellos y el resto de españoles.

Seguir leyendo

Gaudeamus igitur

No hay idea más embaucadora que la de la felicidad. Caemos en su trampa cuando asumimos que el único motor de la existencia es el deseo, y que dejarse llevar por este asegura, si no el éxito, sí salir de la mediocridad en la que el hombre corriente se marchita día a día. Pero el hombre corriente (es decir, todos nosotros) es un ser imperfecto que está sometido a esa gigantesca imperfección que es la vida. La vida no es algo que se acabe mientras vivimos, sino que siempre está en marcha. Y la felicidad nos promete una cosa distinta: una cima, una conclusión a partir de la cual nada cambiará y nada avanzará. Implicarse anímicamente en el horizonte de la felicidad supone aceptar que puede haber un momento en que el proceso vital se detenga, el oxímoron de alcanzar una suerte de inmortalidad en tanto seguimos viviendo.

Seguir leyendo

Un pequeñoburgués liberal

Dice Manuel Chaves Nogales en el prólogo de A sangre y fuego que la guerra civil española fue el laboratorio de dos ideologías, fascismo y comunismo, que pugnaron por la supremacía occidental. Tanto una como otra, asegura, eran opuestas en apariencia, pero hermanas en su odio por la democracia burguesa. Los españoles, concluye, fueron obligados a tomar partido sin saber que, al hacerlo, abandonaban la única causa capaz de combatir a ambos monstruos. «Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese», escribe en «Consejo obrero», el último cuento de la primera edición. Una imagen, la de la libertad huérfana de paladines, que entiendo cada vez más.

Seguir leyendo

La última línea de defensa

Los profesores de literatura llevamos mucho tiempo confundidos. Pensamos que nuestra labor se corresponde con el fomento de la lectura, y que, por tanto, hemos de ofrecer a los alumnos libros que los enganchen a leer. Ha cundido la idea de que la lectura no debe salir del marco adolescente ni costar excesivo trabajo. Todo ello provoca que los clásicos españoles hayan ido desapareciendo de nuestras clases. De hecho, son estos imperativos de restricción temática y de comodidad lectora los que hacen de las clases de literatura un hábitat hostil a los clásicos, pues está en la naturaleza de estos exceder cualquier límite de referencia y necesitar una lectura atenta y laboriosa. Es decir, un clásico es la antítesis de los valores educativos que imperan hoy en los institutos. Por esa razón, cada vez hay más profesores en contra de incorporarlos al temario.

Seguir leyendo

Peces españoles

La sensación es extraña. Un médico español, Francisco Javier Balmis, realiza la primera campaña internacional de vacunación de la historia de la humanidad, y ninguno de tus libros de texto del instituto lo nombra. El corpus legal que se inicia con el testamento de Isabel la Católica,y culmina en las Leyes de Indias de 1680, anticipa lo que dos siglos más tarde se conocerá como derechos humanos, pero ninguno de tus profesores te lo ha contado jamás. El real de a ocho castellano, de curso legal en EE.UU. nada menos que hasta 1857, es la primera moneda global, y tú has tenido que enterarte por tu cuenta, y además vía Internet. 

Seguir leyendo

Asalto al cielo

Antes del asalto, el cielo pertenecía a un dios bastante extraño. Era el dios de los católicos, llevado por los españoles a todos los rincones del planeta. Allí se mezcló con espíritus telúricos y diosas emplumadas. El número de santos y de vírgenes creció en apenas unas décadas, y, con ellos, los días en que se les veneraba. Hasta el siglo XVIII, en la Monarquía Hispánica había una media de noventa festividades al año. Tres meses de banquetes multitudinarios, de corridas de toros, de fuegos artificiales. Para la universalidad de su mensaje, el catolicismo se hizo sincrético. Y este sincretismo lo transformó en una religión de la conmemoración y de la fiesta. 

Seguir leyendo

Barroco hispánico

Con el tiempo, me he ido reconciliando con el Barroco hispánico. Antes no lo soportaba. Tras su abigarramiento veía una vulgaridad rayana en lo populachero. Era precisamente esta obsesiva proclividad hacia lo popular lo que más me repelía, porque pensaba que toda folklorización del arte era la prueba de que ese arte no valía. El auténtico era aquel que nacía para que jamás se filtrase a la masa, el que requería de ella una aptitud para apreciar lo artístico que, por supuesto, nunca se daría. Un arte para los entendidos.

Seguir leyendo

Arquitectura comunista

Hay en la arquitectura comunista un evidente lustre religioso. Por mucho que, en apariencia, lo nieguen los fundamentos sobre los que se erige, así lo demuestra la grandilocuencia de su monumentalidad. Puesto que no busca la belleza, se trata de un esplendor que apenas esplende y pasa desapercibido para el observador despistado. Pero está ahí, como la manifestación de una avergonzada autoconciencia. Queriendo, al mismo tiempo, callar y confesar que no sólo se siente consagrada, sino que estarlo es el único objetivo que persigue.

Seguir leyendo

Poética del espacio

Pienso si no será el espacio lo más importante de nuestra existencia. Si, al final, el escenario donde sucede es la sustancia que la constituye. Si el tiempo que pasamos en un lugar no supone más que un simple cambio de estado de la materia misma. Lo sólido del territorio sublimándose en lo gaseoso de la cronología. Porque, cuando me acuerdo de mi vida pasada, el paisaje lo condiciona todo. Para mí, la memoria es una plaza, una habitación, una ciudad, una playa. Y creo que, sin el espacio, no tiene sentido el tiempo. En especial, cuando ese espacio donde transcurre parte de nuestra vida se abandona para siempre y se convierte en un mito personal. En un illud tempus. En un érase una vez. En una región del aire que se torna sagrada.

Seguir leyendo