La revelación sobreviene de pronto. Una voz que es la mía se apodera de mi pensamiento y hace algo extraño: describe el acto mismo de pensar. Como si la mente se contemplara en un espejo y fuera consciente de que es una mente consciente de que lo es. Consciente de la propia consciencia. Consciente de la propia consciencia de ser consciente. Es angustioso. Por ejemplo: estoy leyendo las primeras páginas de Las troyanas y, mientras tanto, no puedo evitar pensar que me encuentro en plena lectura, y que, quizá por ello, las palabras de Hécuba me suenan lejanas, como si viniesen amortiguadas por la distancia que impone pensar que estoy pensando en la lectura de sus palabras. Afortunadamente, esto dura poco. En apenas unos minutos, la mente regresa a la normalidad. Pero me quedo tan exhausto que, a partir de entonces, soy incapaz de concentrarme en cosa alguna.
Seguir leyendoMes: marzo 2026
Estar
Lenta y sigilosa imagino la traición a lo largo de la Edad Media. El stare de los romanos abandonando el castrante significado original de «estar de pie». Aliándose después con ese «estar en» el mundo que logra ennoblecerlo para siempre. Conquistando finalmente la bella temporalidad de un «estou vivo», de un «estou anoxado», de un «estic feliç». Es así como se consuma la traición de las lenguas ibéricas al sum latino. Son las únicas. No la cometen ni el rumano ni el francés. Ni siquiera el italiano, cuyo dulce stare lo intenta una y otra vez para terminar expresando sólo estados generales de ánimo o la permanencia momentánea en algún lugar. Salvo las peninsulares, ninguna lengua romance diferencia entre estar y ser. Ninguna puede deslindar, como ellas hacen, la esencia del estado, lo intemporal de lo transitorio.
Seguir leyendoContra el futuro
Me paso la vida pensando en el futuro. Y no me extraña que sea así. Soy un hijo de esta época, y supongo que resulta inevitable que los hijos de esta época pensemos en el futuro. Que creamos que es nuestro deber ganárnoslo, o que nos justifiquemos aduciendo que esperarlo con inquietud o ilusión pertenece a nuestra naturaleza. Supongo que es razonable que haya crecido enfocando mi vida hacia un horizonte donde, tarde o temprano, habría de dibujarse, tratando de ser pertinaz si no quería tirarlo por la borda. Qué tiene el futuro para que atraiga tantos esfuerzos. Para que encumbre al político que lo blande en sus sofismas. Para que cautive al científico que busca cambiarlo. Cómo puede ser tan poderoso algo que no se ha dado todavía y que, cuando intuimos su cercanía, ya se ha volatilizado.
Seguir leyendoMilitantes
Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, crear tensión social es todo un arte. El enfrentamiento que provoca la guerra es explícito y burdo; el de la tensión, en cambio, es mucho más sutil. Quienes la idean no son ingenieros sociales, sino orfebres de la realidad. Liman y engastan los mensajes para polarizar el ágora convenientemente. El relato que resulta es consabido: luz frente a sombras, buenos contra malvados. Se recompone el universo para que este sea un sitio donde todo está por hacer. Y así se nos sugiere que el progreso es en realidad una ensoñación que oculta un complot que busca nuestra ruina. La izquierda se ha aliado con el globalismo y los poderes financieros. La derecha impulsa una nueva involución que acabará con los derechos conseguidos. Estamos en una hora crucial y tú tienes que elegir bando. Habla. Opina. Discute. Sé un militante.
Seguir leyendoRezagados
He descubierto la música de los noventa con treinta años de retraso. Llevo un tiempo escuchando insistentemente Loveless en mis auriculares, y me pregunto dónde estaba yo metido en aquella época para haber ignorado esta obra maestra de My Bloody Valentine. No es la primera vez. Me ha pasado con Paul Auster, por ejemplo; leí Leviatán hace un año y me hice la misma pregunta. Se supone que cada generación tiene una geografía común, un talismán que convierte en cómplices a sus miembros, momentos del pasado donde todos han coincidido puntualmente. Pero existe una minoría de personas que siempre llega tarde.
Seguir leyendoEl arte de hablar de uno mismo
Hablar de uno mismo es un arte. No todos pueden hacerlo, y muy pocos pueden hacerlo bien. A la capacidad de introspección que se requiere hay que añadir cierta proclividad de carácter hacia la vanidad, que, por supuesto, ha de ser siempre discreta. Un recurso utilizado a lo largo de la historia ha sido el de la confesión. San Agustín escribe las suyas, además de para la consabida alabanza de Dios, para la búsqueda de esa verdad que también anida en el interior de los lectores. En el décimo libro de su obra leemos: «Y fueron los hombres a admirar las cumbres de las montañas y el flujo enorme de los mares y los muchos cauces de los ríos y la inmensidad del océano y la órbita de las estrellas, y olvidaron mirarse a sí mismos».
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