El corte es profundo, tanto que la sutura, de producirse, tardará décadas en cerrarlo. A un lado quedan los políticos, sus patrocinadores económicos en la sombra y sus palmeros mediáticos, dedicados todos ellos a instilar el veneno de la discordia civil. Al otro, los individuos que, ante la tragedia, se ayudan unos a otros y sacan lo mejor de sí mismos. Qué mal trago habrán pasado las banderías del Congreso de los Diputados al escuchar el testimonio del hombre anónimo que saca del coche a la mujer anónima antes de que el agua se los lleve. O al enterarse de que todo un pueblo se coordina improvisadamente para rescatar a los supervivientes de un accidente de tren. ¿Y las dos Españas?, se habrán preguntado sin percatarse todavía de que las únicas dos Españas que existen son ellos y el resto de españoles.
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