Estos versos: «Menos solicitó veloz saeta / destinada señal, que mordió aguda; / agonal carro por la arena muda / no coronó con más silencio meta, / que presurosa corre, que secreta, / a su fin nuestra edad». ¿Quién sería capaz hoy de escribirlos? ¿Quién de construir una secuencia gramatical como esa? ¿Quién podría entenderlos? Sí, se trata de Góngora el hermético, el oscuro, el vate «nocturnal» que fue olvidado tras el pomposo rompimiento de gloria dieciochesco. El poeta que, pese a las vindicaciones un tanto fingidas de la generación del 27, nunca consiguió salir de la caja entomológica de la academia. Pero también es el escritor que más discípulos crea durante el Barroco, el más imitado en vida (incluso para ser denostado), el que más influye en el estilo literario de amigos y de enemigos.
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