Civilización

Como todos los países, España alberga muchos pecados originales, pero, a diferencia de sus vecinos europeos, el del nacionalismo no está entre ellos. De hecho, casi siempre han pinchado en hueso los intentos de inocularle un veneno de esa índole; veneno que, cuando ha hecho efecto, nunca ha pasado del folklorismo decimonónico o de la retórica nacionalcatólica, tan infértiles ambos como la mayoría de los pedregales donde encalla la historia. 

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Anglófilos

Durante ochenta años (desde 1874 hasta 1954), hay un lugar en España que restringe el acceso a los nacionales por el mero hecho de serlo. Se trata del Club Bella Vista de Riotinto, donde solo pueden entrar los ingleses que trabajan para la Rio Tinto Company Limited. Allí construyen también un barrio del mismo nombre, a imagen y semejanza de Kensington o Chelsea, en el que viven como si nunca hubieran salido de la isla y donde nadie que no sea británico puede comprar una casa. Llegar a un lugar, explotarlo comercialmente, no mezclarse con los aborígenes y largarse una vez agotados los recursos ha sido siempre una parte del proceder del Imperio Británico.

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