Aunque de esta imagen se ha escrito mucho, no por ello deja de fascinarme. Me parece misteriosa, pero al mismo tiempo reveladora. Misteriosa porque esa vitalidad que muestra contradice el contexto de muerte de la guerra civil. Reveladora porque es como una definición de la condición humana. Walter Reuter hace la foto en la playa de la Malvarrosa, en el verano de 1937. Todos (de izquierda a derecha: Vitín Cortezo, Blanca Pelegrín, Luis Cernuda, Carmen García Lasgoity, Manuel Altolaguirre y Carmen García Antón) participan en los ensayos de Mariana Pineda, que se representará en conmemoración del primer aniversario del asesinato de Federico. Son jóvenes, son fuertes, son bellos. Los aviones italianos ya han dejado caer unos cuantos obuses sobre Valencia. Posiblemente, Cortezo haya sido llevado a la checa de Germanías por su indisimulada homosexualidad. Y sin embargo, ahí están, corriendo (hacia dónde) y riendo con toda la energía de que es capaz la existencia.

Años después, en Desolación de la Quimera, más concretamente en el poema «Dos de noviembre», Cernuda describirá un momento similar. Se le han muerto sus dos hermanas, es el único de la familia que queda vivo («Todo destinado / Contigo al olvido»), y, no obstante, de repente el día le ofrece el azul del cielo, el olor a tierra y «a hermosura / Que, antigua, conforta». Y concluye:
«A pesar del tiempo,
Al alma, en la vida,
Materia y sentidos
Como siempre alivian.»
Mirando de nuevo la fotografía, imagino que esa mañana estival se hace extrañamente presente para los seis. Se les eriza el vello de los brazos, se les abren los poros de la piel y, muy despacio, les asalta una sensación imparable de alegría. De ahí, de ese instante, supongo que vienen aquellas risas, aquellas ganas de correr. Pero de correr ¿hacia dónde? ¿Hacia el objetivo de la cámara? ¿Hacia el exilio luego (Altolaguirre, Cernuda, Lasgoity y Antón), el olvido (Pelegrín) o el bando vencedor (Cortezo)? ¿O hacia nosotros, contempladores del futuro? Como si estuvieran a punto de decirnos que no nos preocupemos. Que todo pasa. Que, cuando menos lo esperamos, la materia y los sentidos acuden en nuestra ayuda y nos alivian, porque es como si limpiasen la suciedad de todos los apegos. Que habrá ocasiones en que no estaremos atados al tiempo y a la historia. Y que, pese a la tragedia, terminaremos dejándonos llevar hacia donde se le antoje a la vida.
Qué bonito análisis de la estampa. La verdad es que para alguien que ha leído a Cernuda choca verlo así, tan humano, en una instantánea.
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Sus fotos playeras son míticas ya. Tiene varias en traje de baño muy poco cernudianas 😁.
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