Estar

Lenta y sigilosa imagino la traición a lo largo de la Edad Media. El stare de los romanos abandonando el castrante significado original de «estar de pie». Aliándose después con ese «estar en» el mundo que  logra ennoblecerlo para siempre. Conquistando finalmente la bella temporalidad de un «estou vivo», de un «estou anoxado», de un «estic feliç». Es así como se consuma la traición de las lenguas ibéricas al sum latino. Son las únicas. No la cometen ni el rumano ni el francés. Ni siquiera el italiano, cuyo dulce stare lo intenta una y otra vez para terminar expresando sólo estados generales de ánimo o la permanencia momentánea en algún lugar. Salvo las peninsulares, ninguna lengua romance diferencia entre estar y ser. Ninguna puede deslindar, como ellas hacen, la esencia del estado, lo intemporal de lo transitorio.

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Me voy a ir yendo

En esta vida puedes irte o puedes estar a punto de irte, pero lo que ocurre cuando te vas a ir yendo es otra cosa muy distinta. Irse a ir yendo es convertir el estar a punto de irse en algo durativo, hacer proceso del instante, constancia de la fugacidad. Solo el español es capaz de expresar esta aparente paradoja. Por un hallazgo así, merecería estar en el parnaso de las lenguas. Ser el rey de todas ellas. Cuánta belleza y sutilidad caben en un verbo con doble aspecto. El doble aspecto trasciende la gramática. Por un lado, lo que va a empezar; por otro, lo que se queda indefinidamente en la intención de quien lo enuncia. Irse a ir yendo es a la lingüística lo que el gato de Schrödinger a la física.

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El principal enemigo del idioma

El español es actualmente el segundo idioma del mundo con más hablantes nativos (cerca de 493 millones), el segundo más estudiado con 23 millones de alumnos en todo el mundo, y uno de los que más proyección tienen en el futuro, pues se calcula que unos 700 millones de personas lo hablarán en 2050. Es también la tercera lengua más utilizada en Internet y la segunda más hablada en EE.UU., donde se prevé que, para el año 2060, el 27% de la población será de origen hispano, por lo que no resultaría descabellado suponer que un día pudiera haber un presidente hispanohablante rigiendo el destino de la (por ahora) primera potencia económica y militar del planeta.

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