Institutos españoles

Dudo de que haya en España algo tan feo como un instituto de secundaria y bachillerato. Un instituto público, por supuesto, con esa mezcla de racionalismo franquista, neobolchevismo ochentero, ambulatorio de pueblo y tristeza inconsolable. Todo, en su interior, está llamado a despertar el instinto de huida: desde esos azulejos que, en la mayoría de casos, parecen importados del mismo Chernobyl, hasta el mobiliario, que a buen seguro alguien robó alguna vez del comedor de una cárcel. En definitiva, los institutos públicos españoles son una bomba estética de desmotivación masiva.

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Autor, autor

Hubo un tiempo en que la humanidad vivía sin autores. Hasta hace relativamente poco, el arte, la ciencia o la literatura no precisaban de esa figura que sin embargo hoy parece indispensable. ¿Quiénes son los arquitectos que idean las pirámides de Egipto? ¿Quién compone el Cantar de Roldán? ¿Quiénes tallan los bellos y misteriosos capiteles del Románico? Tal vez antes se tuviera la certeza (muy razonable, por cierto) de que la obra era muchísimo más importante y, puesto que esta permanecería durante más tiempo en la historia de los hombres, infinitamente superior a su creador.

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Viajes

Somos la última generación del Romanticismo. Nos gustan las mismas reliquias y adoramos a los mismos  dioses. Seguimos hablando de genio y de originalidad, creemos que todo hombre oculta a un poeta y todavía consideramos el mundo como un misterio insondable. Pero de entre todas las supersticiones románticas que permanecen enquistadas en las glándulas de occidente, tal vez la más palmaria sea esa pulsión por el viaje que parece consumir a mis contemporáneos. ¿Por qué la gente quiere viajar a toda costa? ¿Qué es lo que otorga al viaje el prestigio social que hoy posee? Y sobre todo: ¿por qué se nos vende como una conquista personal que, a su vez, es reveladora de un estatus o de un carácter?

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