Si vives en el sur de España, es imposible que te guste el verano. Dirás que te gusta porque temes que te consideren un amargado, un cenizo o, lo que es peor, un rancio, pero una persona mayor y con dos dedos de frente no puede amar el látigo del verdugo ni las llamas del infierno.

El verano es un estado mental que solo existe cuando eres niño. Generalmente, está asociado al final del colegio y al comienzo de un periodo en el que las normas se relajan y el tiempo se prolonga hasta el infinito. Los niños, como los animales, son incapaces de desarrollar el pensamiento simbólico y viven al día, en una extraña ataraxia que los lleva a no sentir calor ni a percatarse de la exhibicionista fealdad de los cuerpos de los adultos. El vino del estío siempre es dulce en la infancia, aunque en realidad nunca se pueda degustar.

Luego, sin embargo, cuando nos hacemos mayores, el verano revela su auténtica faz, como los amantes a la mañana siguiente. Si se tiene la desgracia de padecerlos más cerca de África que de los Pirineos, los meses de julio y agosto son una mezcla de sufrimiento, falsificación y vulgaridad, un tiempo absurdo donde la gente aguanta temperaturas inhumanas, cena a las once de la noche y da vergüenza ajena cada vez que sale a la calle. Así que, más allá de los treinta, la canícula solo es posible en almas frívolas o en sociedades que, como la española, aún no han alcanzado la mayoría de edad.

Pocos recuerdan que lo que hoy llamamos verano es un invento del franquismo. Fue la dictadura la que hizo de la estación más calurosa del año un producto turístico orientado a padecer los rigores del sol y la tortura de la muchedumbre. Antes, los que podían permitirse el veraneo se iban al norte, al Cantábrico, donde el frío mar, como la belleza del arte, únicamente se contempla y jamás se toca.

El Spain is different de Manuel Fraga es una prueba más de que, a veces, la lengua crea el universo, porque del lema salió, no solo una forma de afrontar el verano, sino una nueva manera de estar en el mundo. La de un país que empezó a contemplarse en los espejos cóncavos de la playa, el chiringuito y la paella, y al final ha terminado tragándose su propio cuento.

Imagen del videojuego Dante’s Inferno.

Un comentario en “Contra el verano

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