Cachondeo

Una cosa es el humor y otra el cachondeo. El humor puede llegar a ser patético y terriblemente triste, y, sobre todo, terminar exponiéndonos, desnudos e inermes, al desierto de lo real. El cachondeo, en cambio, es una fiesta continua, un fuego de artificio en el que importa menos el fondo que la forma. Lo peor del cachondeo no es la vulgaridad de la que se suele nutrir (hay vulgaridades muy loables y humorísticas), sino la endémica impotencia que esconde siempre. Está en nuestra parte reptiliana de afrontar la vida agarrarnos un colocón de cachondeo cuando los problemas comienzan a acuciarnos; aunque luego nos demos cuenta de que tras él nunca ha habido nada y entonces se nos quite las ganas de reír. El humor es catártico, el cachondeo, sin embargo, es un callejón sin salida, una inercia frívola que nos vuelve perezosos e ignorantes.

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La mala suerte

Mala suerte no es que un arcabuzazo te deje inútil de una mano para siempre, ni que pases cinco años de cautiverio en los baños de Hasan el Veneciano. Tampoco que, a tu regreso a España, descubras que el mundo ha seguido girando sin ti y que todo empieza a sonarte irremediablemente a chino, o que, a pesar de ser un héroe de guerra, todo el mundo te ignore y se te impida comenzar de nuevo en el paraíso americano. Ni siquiera que te empeñes en dedicarte al teatro en el siglo en el que Lope es el rey indiscutible de la escena (esto no es mala suerte, por supuesto, sino una temeridad como una casa).

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Tetrálogo de las lenguas de España

1. La lengua es una facultad exclusivamente humana que depende de sus usuarios, que son los que la crean y la hacen cambiar, y también quienes, llegado el momento, dejan de hablarla. Esto significa que, por sí misma, una lengua ni nace ni muere, tampoco recibe agresiones o amenazas, no es depositaria del espíritu de ningún pueblo y mucho menos posee derecho a algo. Es una simple herramienta y no un ente con capacidad de raciocinio, así que son los hablantes los únicos que tienen derechos. Si se atribuyen derechos a las lenguas, habría que otorgárselos también a las llaves inglesas o a las bombillas.

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