En la Dissertatio Medica de Nostalgica oder Heimweh, publicada en 1688, el médico alsaciano Johannes Hofer inventa un término para definir la tristeza que ha observado en algunos soldados suizos que están lejos de su patria. Aunque en alemán ya tiene un nombre, Heimweh (deseo intenso de estar en casa), Hofer une magistralmente los vocablos griegos nóstos (regreso) y álgos (dolor), y deja para la posteridad la hermosa palabra «nostalgia», «el dolor del regreso», la melancolía que provoca el afán por volver al hogar, que es a la vez espacio y tiempo, tierra originaria y pasado. La nostalgia es un viaje que suele culminar en el interior de uno mismo, porque es a uno mismo a donde siempre se regresa.

Pero de vez en cuando ocurre que se siente nostalgia de lo que no se puede recordar, y acude de pronto el deseo imposible de volver a momentos que jamás se han vivido. Es como si el alma albergara dentro a un extraño, alguien capaz de convertir en propios paisajes nunca vistos y de poner en el corazón experiencias que no pertenecen a nadie. Nostalgia de la invención y del ensueño que hace que se anhelen épocas lejanas descubiertas únicamente en los libros. Pulsión estéril y fructífera que acabará definiendo el carácter melancólico de los poetas.

La nostalgia es la semilla de la poesía, de ella brota como un aliento divino. En el principio fue la insatisfacción, después el verso. Homero canta la gloria de los héroes de antaño porque aborrece su presente. No se trata de un acto de desdén sino de una reacción de profunda humildad. Los hindúes imaginan el tiempo universal como un proceso de entropía y decadencia. Y los clásicos avisan del peligro de creer que todo empieza de nuevo con cada generación. Somos enanos a hombros de gigantes, aseguran sin saber que ellos serán los gigantes de los enanos futuros.

La historia demuestra que solo los que tuvieron la suerte de pertenecer a épocas que miraban hacia atrás con admiración y respeto pudieron vivir mejor que sus antepasados. Y que por eso hay que desconfiar de los discursos que hacen del porvenir una meta prometida a la que la humanidad está destinada. Porque aquellos que no sienten la modestia de la nostalgia están condenados a la soberbia de la utopía. Y lo peor de las utopías es la miseria que traen consigo cuando se consuman.

Imagen de Fernando Muñoz Ubiña.

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