En el fondo, usted tiene una fe ciega en todo aquello que no le dicen: que la crisis energética es una partida jugada por unas cuantas personas, que el globalismo quiere acabar con los estados, que la UE tiene un plan para convertir España en el geriátrico de Europa, que los movimientos de protesta están llenos de infiltrados, que su correo electrónico no es seguro, que sus llamadas telefónicas están siendo escuchadas por alguien, que Internet, la televisión, el fútbol o el sistema educativo son pura ingeniería social. En realidad, pocos hay que nieguen el espectáculo barroco del gran teatro del mundo, el auto sacramental posmoderno que habla de un poder en la sombra que mueve los hilos. Usted es una marioneta. Pedro Sánchez es una marioneta. Putin es una marioneta. Biden es una marioneta. El siglo XXI será conspiranoico o no será.

Y sin embargo, las marionetas del mundo tenemos un problema. Imagínese la situación. Suponga que de repente una marioneta llega a ser consciente de sí misma. No es tan difícil de suponer si piensa usted en el devenir histórico de la raza humana. El habitante de Boston, por ejemplo, en 1770. El desharrapado que asalta las Tullerías. El mujik. El madrileño un dos de mayo. El desahuciado de esta nueva clase media desahuciada. Imagine que cualquiera mira hacia arriba y ve los hilos que lo mueven. Ya el mero hallazgo lo lleva a pensar esperanzado que la libertad no debe andar muy lejos, pues a toda libertad siempre le precede un acto de conciencia. Soy una marioneta, se dice acto seguido, y para dejar de serlo he de acabar con lo que me convierte en marioneta.

Pero es en ese instante cuando la marioneta descubre la verdad de su naturaleza: una marioneta sin hilos no solo deja de ser una marioneta, sino que deja, sencillamente, de ser. Cada hilo cortado es una arteria por la que terminará desangrándose sin más remedio. La libertad es imposible. Las marionetas cavan su propia fosa al rebelarse. He aquí la gran paradoja.

¿No le parece a usted sublime? ¿Todavía no comprende la grandeza de lo que le estoy exponiendo? ¿Aún no es capaz de sobreponerse a su limitada visión de marioneta satisfecha de sí misma? Permita entonces que se lo deje claro:

No hay escapatoria en esta vida; la rebeldía de la marioneta siempre ha formado parte del libreto del marionetista.

Imagen: Michael Cheval.

2 comentarios en “La paradoja de la marioneta

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