De todas las experiencias que el ser humano vive, solo morir, la más determinante, se le escapa. Cuanto se ha dicho de la muerte jamás se ha asumido en carne propia. El hecho de que tan solo seamos capaces de «vivir» la muerte significa que las palabras que utilizamos para describirla únicamente se refieren al rastro que deja en los vivos. La muerte, como el infierno sartreano, son los otros. Morir es ver morir a los demás. Morir es, en realidad, una teoría. 

Y, sin embargo, sobre esta experiencia ajena, sobre esta ausencia monstruosa que jamás hemos comprendido porque, en vida, nunca hemos estado muertos, ha crecido la humanidad. En las preguntas que ver morir suscita está el hambre de conocimiento; en la tentativa de respuesta, todo el arte, toda la ciencia, toda la filosofía. Anhelamos dar una explicación porque somos perecederos, y nos pasamos la vida buscándola porque aún fantaseamos con no serlo. Nuestra curiosidad como especie es un deseo (imposible) de adquirir antes de tiempo la única experiencia que se nos ha vedado. En esto se parecen el médico y el poeta, el monje y el ateo.

Antes iniciaba mis clases de literatura diciendo que todos los libros tratan siempre de dos temas: el amor y la muerte. Ahora (debe de ser la edad) pienso que Eros es otra nota a pie en la interminable página que escribe Tánatos, y que quien ama espera escapar de sus garras ingenuamente. Recién conquistada La Goleta, Garcilaso dice a Boscán que el fuego de la guerra es también el del amor. Para San Juan, el orgasmo místico es como una pequeña muerte. La literatura solo nos habla del acto ajeno de morir, por eso escribir es, en el fondo, una impostura.

Hablar de la muerte a chavales de entre 12 y 18 años tendría que ser obligatorio; las tutorías deberían tener esa función. Un joven ha de saber que la muerte es el principio de la consciencia, y que es esta la que en realidad lo hace humano. El hombre es el único animal consciente de su finitud; en saber que va a morir reside su humanidad, no en evitarla. Mis pobres alumnos viven en la época más antihumana de todas, porque desde pequeños han tenido a alguien a su lado que ha tratado de ocultársela. El abuelo se ha ido. Papá está de viaje. No mires. No temas. No comprendas.

Imagen de Fernando Muñoz Ubiña.

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