Los novelistas no saben que la novela es hoy un género menor. Incluso parece que han olvidado que, en más de cuarenta siglos de historia literaria, la novela únicamente ha sido importante en los últimos doscientos años. Tiene su momento de esplendor durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, cuando se convierte en un producto creado a la medida de la burguesía, que, por entonces, goza del suficiente tiempo libre como para leer tochos de novecientas páginas. Es cierto que la novela moderna nace con el Quijote, pero el género no se entiende sin las aportaciones posteriores del realismo y del naturalismo. Al burgués de esas épocas (y de todas) no solo le gusta que le hablen de lo que conoce, sino que lo hagan estimulando su sentimiento de culpa. Y la novela, desde entonces, ha sido el cilicio más adecuado para que las conciencias burguesas se flagelen entre sí.

Sin embargo, cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, la clase media toma el relevo y los gustos de la burguesía dejan de ser influyentes, el género sufre un cambio definitivo. La clase media, que vive para el consumo, trae consigo la obsesión por lo audiovisual y por el entretenimiento. Y la novela resistirá adaptándose al nuevo panorama y creando un lector para el que, al final, la mayoría de novelistas ha terminado escribiendo hoy día: aquel que lee por pura evasión, el lector-gargantúa, siempre dispuesto a tragarse cualquier historia que le cuenten, pero poco dado a aventurarse en otros géneros literarios.

Que la novela sobreviva gracias a este tipo de lector significa que en realidad ya tiene poco que aportar a la historia de la literatura. En cuestión de contenido, el ensayo es mucho más fecundo, y en cuanto a la forma, la poesía tiene más recursos para renovarse. La novela es un género anquilosado que, desde el punto de vista de la innovación narrativa, se ha visto ampliamente superado por el cine y por el cómic. La razón de todo esto reside en el hecho de que muchos escritores de novelas son lectores modelo, y su nivel cultural está limitado al que establece la propia novela actual. No es extraño, por tanto, que los novelistas de más éxito no provengan del ámbito académico sino del periodístico.

Quién sabe. A lo mejor, para sacar al género de su atrofia, hay que dejar de leer novelas.

Imagen de Isidoro Martínez Sánchez.

4 comentarios en “Un género menor

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