Algo le pasa al cromosoma Y. No levanta cabeza. Cada vez hay menos machos que destaquen en los estudios. Son ellas, las hembras, las que sacan mejores notas. Yo ya me he acostumbrado a dar clases en segundos de Bachillerato con tan solo dos o tres esforzados representantes del cromosoma. Algo le pasa. Algo nos pasa. Hace tiempo se me ocurrió plantear el problema en un claustro de profesores y hubo unanimidad (y risas) en las explicaciones: las chicas son más listas que los chicos. Supongo que, de haber sido al contrario, el tema habría merecido un análisis distinto.

Pero la realidad es tozuda. Las diferencias entre unas y otros empiezan a notarse en el primer curso de Educación Secundaria. Ellas leen con fluidez; ellos silabeando. Ellas tienen hábito de estudio; a ellos les cuesta horrores quedarse quietos en su asiento. Así que, en los años siguientes, los Y van cayendo como fruta madura. Al principio unas cuantas asignaturas pendientes, luego una repetición de curso, por último, una FP básica. Las cifras oficiales corroboran mi experiencia personal. Según datos del Ministerio de Educación, el año pasado el 84% de las alumnas titularon en la ESO, frente al 73,8% de ellos. En Bachillerato la desproporción es más dramática: 63,1% y 47,5% respectivamente. 10 y 15 puntos de diferencia. No es una brecha de género: es un abismo.

Sin embargo, a pesar de los datos, la preocupación parece ser mínima. Mucho me temo que la respuesta recibida en aquel claustro se haya extendido por todo el país. El fracaso del cromosoma Y está hoy tan normalizado que plantear el problema siquiera se ha convertido en un tabú. Un tabú que cuestiona algunos dogmas ideológicos. Por ejemplo: que la brecha de género tiene una sola dirección, o que la feminización de la enseñanza (97,7% de mujeres en Infantil, 82,1% en Primaria y 59,6% en Secundaria y Bachillerato) y la consiguiente falta de referencias masculinas no influyen en los chavales, o que el sexo femenino es el único que necesita medidas de discriminación positiva. He aquí la razón de que nadie se atreva a ofrecer soluciones.

Aunque también puede ser que las autoridades competentes estén dando pábulo a la hipótesis lanzada por algunos genetistas que augura la desaparición de nuestro sufrido cromosoma en los próximos 4,6 millones de años. Y hayan decidido adelantarla para que duela menos.

5 comentarios en “El cromosoma Y

  1. Recuerdo que, hace años, la coordinadora de Igual da de mi centro celebraba la “victoria” académica de las muchachas como si fuera un gol del Betis.

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  2. Pregunto, como abogado del diablo:
    si la precocidad intelectual de ellas fuera una cuestión genética, ¿sería legítima la educación diferenciada hasta, pongamos, los 12 años? Que Dios me perdone, lo sé, por sugerir algo tan facha.

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