1. La lengua es una facultad exclusivamente humana que depende de sus usuarios, que son los que la crean y la hacen cambiar, y también quienes, llegado el momento, dejan de hablarla. Esto significa que, por sí misma, una lengua ni nace ni muere, tampoco recibe agresiones o amenazas, no es depositaria del espíritu de ningún pueblo y mucho menos posee derecho a algo. Es una simple herramienta y no un ente con capacidad de raciocinio, así que son los hablantes los únicos que tienen derechos. Si se atribuyen derechos a las lenguas, habría que otorgárselos también a las llaves inglesas o a las bombillas.
Seguir leyendoMes: marzo 2022
Antes de la nube
Los que hemos nacido y crecido antes de la nube no estamos bien últimamente. Y no creo que se trate de una proyección en los otros de lo que me ocurre solo a mí. Hay un desconcierto compartido, lo noto cada vez más. Sé que la mayoría intuimos que algo se nos está yendo, algo que es más profundo y arraigado que los hábitos cambiantes y las concepciones efímeras de una época. A veces queremos normalizar esa intuición y la atribuimos a la consabida constante que siempre ha hecho que las generaciones se miren con recelo. Pero no, es mucho más que eso. Es un observar alrededor, un preguntarse qué coño está pasando aquí. Es un no entender cada vez más acuciante que amenaza con hacer que terminemos no entendiendo absolutamente nada.
Seguir leyendoNiños
Este año cumplo dos décadas dedicado a la enseñanza y creo que nunca me he sentido tan alejado de ella como ahora. Es una sensación que ha ido creciendo en mi interior a lo largo del último lustro y que ha terminado de fraguarse en estos tiempos de pandemia. Cada vez veo a mis alumnos menos adolescentes y más niños. Si fuera maestro de primaria, estaría acostumbrado a verlos así, pero puesto que pertenezco al cuerpo de profesores de enseñanza secundaria, no estoy preparado para entenderlos. Puedo lidiar con el caos hormonal de la primera juventud, pero no con los últimos estertores de la infancia.
Seguir leyendoSin épica
Del mito al logos, pero también del mito al epos (la palabra que sirve para narrar). Son las dos sendas que recorre el pensamiento occidental. Por la primera transita la filosofía; por la segunda, la literatura. La primera se llamará en un primer momento física; la segunda, épica. Quizá sea en esta última donde resida la prueba más incontestable de que la concepción judeocristiana y marxista de la historia, siempre apuntando hacia el futuro en una línea recta que alberga la promesa de un final, es una burda mentira. Habitamos una espiral que avanza, sí, pero que también vuelve sobre sí misma en un plano diferente, como un mandala vertiginoso e infinito, sin un origen claro y, por supuesto, sin objetivo, sin redención.
Seguir leyendoHuevos con beicon
En 1925 una compañía cárnica, la Beech-Nut Packing Company, contrata a Edward L. Bernays, el padre de la publicidad y de las relaciones públicas, para que incremente las ventas de beicon. Bernays pregunta a cinco mil médicos qué es más aconsejable, un desayuno consistente o uno frugal. Los médicos se decantan mayoritariamente por la primera opción, así que el publicista filtra a los medios el resultado magnificando el dato menor de que algunos especialistas han recomendado el aporte de proteínas y grasas en forma de huevos y beicon. Los periódicos informan sobre el asunto como si hubiera sido fruto del análisis médico, y durante meses no se habla de otra cosa en la calle, en las tertulias y en las conferencias. De esta forma un solo señor, Edward L. Bernays, movido por los intereses particulares de un cliente, no solo cambia los hábitos alimenticios de toda una nación, sino que es capaz de influir en el consenso científico.
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