Si alguien quiere saber a qué dedican las tardes los jóvenes españoles, solo tiene que pasar por un gimnasio. Comprobará que está repleto de chavales de entre 14 y 18 años que buscan desesperadamente la hipertrofia muscular. A veces observo cómo algunos de ellos, que aún no han pegado el estirón, luchan contra la gravedad del universo, pese a que esta sigue siendo una fuerza muchísimo más débil que la que ostenta su propia niñez. Y pienso que, en mi juventud, yo me dedicaba a castigar mi cuerpo, no a cultivarlo. Y lo hacía porque estaban vigentes los valores heredados de décadas anteriores. Yo viví cuando la estética del perdedor daba sus últimos coletazos y todavía se admiraban las vidas fulminantes de quienes habían optado por la autodestrucción. Ahora eso es imposible. Ahora Kurt Cobain sería considerado un fracasado.
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Modernidad
El gran hallazgo de la civilización hispánica se llama modernidad, aunque, para entenderla como nuestros antepasados la concibieron, hay que despojarse de algunos prejuicios y aceptar que no significa progreso. Al menos en literatura. Es cierto que la literatura se hace moderna cuando la realidad se infiltra en los libros y la frontera entre esta y la ficción se desdibuja. Sin embargo, las obras se llenan de criados, pícaros y locos, más que por agotamiento del idealismo, porque la realidad deja de ser literaria. La Celestina aparece cuando se ha acabado la reconquista y la épica ya ha envainado la espada. No hay en ella hechos valerosos, sino acciones que tienen el único objetivo de la supervivencia. No hay enfermos de amor, sino interés. No hay enseñanza moral: hay vida. Pero todo cuanto nosotros, lectores del futuro, consideramos moderno, para aquellos escritores es un desastre. Por eso, el discurso sobre la libertad de la mujer está puesto en la boca de la puta Areúsa, y el del hombre hecho a sí mismo en la fingida autobiografía de un parásito social.
Seguir leyendoEl nuevo sacerdocio
Es difícil que haya una autoridad tan respetada como la que emana del diagnóstico de un psicólogo. Ni tan ubicua. Actualmente, el discurso psicológico está en todas partes: tras una catástrofe natural dando aliento a los afectados, en el corolario de cualquier noticia ofreciendo su acreditado punto de vista, o incluso en la resolución de un intrincado caso policial facilitando un perfil minucioso del delincuente. La razón de este éxito reside en que la psicología trasciende los muros académicos y es asumida por la gente como una coartada científica que puede justificar muchos de sus comportamientos. Los psicólogos no solo otorgan una explicación al caos del universo, sino que ahora, vacías las iglesias, son el único consuelo de las penalidades del alma. En la era de la vulnerabilidad, la psicología es el nuevo sacerdocio.
Seguir leyendoUn género menor
Los novelistas no saben que la novela es hoy un género menor. Incluso parece que han olvidado que, en más de cuarenta siglos de historia literaria, la novela únicamente ha sido importante en los últimos doscientos años. Tiene su momento de esplendor durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, cuando se convierte en un producto creado a la medida de la burguesía, que, por entonces, goza del suficiente tiempo libre como para leer tochos de novecientas páginas. Es cierto que la novela moderna nace con el Quijote, pero el género no se entiende sin las aportaciones posteriores del realismo y del naturalismo. Al burgués de esas épocas (y de todas) no solo le gusta que le hablen de lo que conoce, sino que lo hagan estimulando su sentimiento de culpa. Y la novela, desde entonces, ha sido el cilicio más adecuado para que las conciencias burguesas se flagelen entre sí.
Seguir leyendoPro nostalgia
En la Dissertatio Medica de Nostalgica oder Heimweh, publicada en 1688, el médico alsaciano Johannes Hofer inventa un término para definir la tristeza que ha observado en algunos soldados suizos que están lejos de su patria. Aunque en alemán ya tiene un nombre, Heimweh (deseo intenso de estar en casa), Hofer une magistralmente los vocablos griegos nóstos (regreso) y álgos (dolor), y deja para la posteridad la hermosa palabra «nostalgia», «el dolor del regreso», la melancolía que provoca el afán por volver al hogar, que es a la vez espacio y tiempo, tierra originaria y pasado. La nostalgia es un viaje que suele culminar en el interior de uno mismo, porque es a uno mismo a donde siempre se regresa.
Seguir leyendoNacer viejos
En el mundo de los niños eternos, nacer viejo es un estigma que hay que llevar con discreción. Los que hemos nacido viejos sabemos que estamos obligados a nadar contra corriente en un enorme océano de puerilidad y sensiblería. Cuanto más denso y asfixiante es, más revelador se vuelve. Hombres que se comportan como adolescentes compulsivos. Mujeres que creen que pueden detener el paso del tiempo. Cada vez resulta más difícil ver en la calle a representantes de ese lapso intermedio que fue la madurez. Por vestimenta, actitud, gusto o aspiraciones, todos son niños de espíritu o ancianos de cuerpo. En un mundo así, nacer viejo significa no encajar en ningún sitio.
Seguir leyendoNómadas y viajeros
Los nómadas sabemos que existen dos tipos de personas en el mundo: las que, como nosotros, nunca cesan de moverse, y aquellas que solo se mueven para emprender un viaje. El nómada no viaja porque, para viajar, hay que volver al sitio de donde se parte, y nada hay en su vida errante que se asemeje a un origen. El nómada simplemente se traslada, vive de alquiler y es un experto en cajas y embalajes. Por eso, mira con condescendencia a los viajeros, su ligereza, su despreocupación, su entusiasmo.
Seguir leyendoAnglófilos
Durante ochenta años (desde 1874 hasta 1954), hay un lugar en España que restringe el acceso a los nacionales por el mero hecho de serlo. Se trata del Club Bella Vista de Riotinto, donde solo pueden entrar los ingleses que trabajan para la Rio Tinto Company Limited. Allí construyen también un barrio del mismo nombre, a imagen y semejanza de Kensington o Chelsea, en el que viven como si nunca hubieran salido de la isla y donde nadie que no sea británico puede comprar una casa. Llegar a un lugar, explotarlo comercialmente, no mezclarse con los aborígenes y largarse una vez agotados los recursos ha sido siempre una parte del proceder del Imperio Británico.
Seguir leyendoLos peores intelectuales
Nunca hemos sido los españoles grandes propagandistas de nosotros mismos porque nunca hemos dado una solución autóctona a lo que somos. Ni siquiera cuando luchamos contra Napoleón pudimos encontrar un relato propio. De hecho, fueron ellos, los franceses (aventajados epígonos de ingleses y holandeses) quienes nos dieron a conocer al mundo. Ya Masson de Morvilliers nos describía en la Encyclopedie como un pueblo incapaz para «las artes, las ciencias y el comercio». El ascendiente francés provocó que el alma hispánica, huérfana de espejos donde mirarse, asumiera como suyo el sambenito y lo difundiera a los cuatro vientos.
Seguir leyendoRushdie
Hadi Matar no era siquiera una idea en las mentes de sus futuros padres cuando el 14 de febrero de 1989 el ayatolá Jomeini, líder supremo de Irán, lanzó una fetua contra Salman Rushdie por haber publicado un libro «en contra del islam, el Profeta y el Corán», y ofreció una recompensa de tres millones de dólares al musulmán que le trajera su cabeza. El joven de 24 años que ayer, 12 de agosto de 2022, apuñaló al autor de los Versos Satánicos, no vivió la muerte de Mustafá Mahmoud, tres años menor que él, cuando, seis meses después de la fetua, manipulaba una bomba destinada a Rushdie. Tampoco el asesinato a cuchillada limpia de Itoshi Igarashi, traductor al japonés del libro, mientras esperaba un ascensor de la Universidad de Tsukuba en 1991. Ni, por supuesto, el atentado que sufrió, pasados dos años, William Nygaard, el editor noruego que milagrosamente salvó la vida tras ser tiroteado en la puerta de su casa de Oslo.
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