Porque tenemos dos ojos, nuestro mundo es horizontal. Ambos recomponen en una sola imagen los elementos que perciben por separado. A esto se le llama estereoscopía, y es algo de lo que, por ejemplo, carecerían los cíclopes. De hecho, su mundo sería vertical, y para disfrutar de una visión semejante a la nuestra, tendrían que estar moviendo la cabeza de un lado a otro. Lo máximo que puede abarcar nuestra mirada es un campo visual de 180 grados; la de un cíclope, en cambio, estaría condenada a no más de 30, es decir, la que permite la discriminación de colores como mucho. Así que, si yo fuera un cíclope, estaría condicionado por mi limitación ocular, y como no podría acceder a la amplitud horizontal del paisaje, no tendría más remedio que vivir reconcentrado en mí mismo.

Un pintor que quisiera retratar a alguien de cuerpo entero debería utilizar un lienzo vertical. Es la única manera de hacerlo protagonista del cuadro. En psicología social, «lo vertical» de un sujeto son sus circunstancias personales, y «lo horizontal», su relación con el entorno. Se podría decir que la verticalidad es la dimensión del yo, y la horizontalidad, la visión capaz de superarlo. Según Ovidio y Góngora, los cíclopes son seres solitarios, y para Homero, Polifemo es un monstruo despiadado y fácil de engañar. Soledad, escasa empatía y simpleza: he aquí las marcas del solipsista.

Aunque no es el solipsismo lo que nos convierte en cíclopes, sino su elevación a la categoría de virtud social. Es entonces cuando todo, incluso la tecnología, parece confabularse para que seamos monstruos de un solo ojo. La verticalidad de la pantalla del móvil es la metáfora definitiva. La mayoría de las imágenes que consumen las nuevas generaciones están condicionadas por ese formato. En la actualidad, un chaval es capaz de estar viendo vídeos de TikTok durante horas, pero no le pidas que mantenga la atención en una película. Para él, el mundo tiene la envergadura de un selfie, está limitado a un ángulo donde solo cabe una historia que coincide con su propia mirada. Cuando los jóvenes monoculares de ahora se conviertan en cíclopes adultos, no tendrán más bagaje que el de un mundo ensimismado donde el paisaje es imposible. 

Por eso, señoras y señores, al cine le ocurre lo que al personaje de Bruce Willis en El sexto sentido, que ha muerto y no lo sabe.

Imagen: Detalle de El cíclope, de Odilon Redon.

4 comentarios en “Cíclopes

  1. El nudo es interesante y requeriría una atención más sosegada en otro momento. La idea de la «verticalidad narcisista» en una generación que vive prendida de su propio fantasma daría para una buena teoría estética de la identidad postmo. Pero el final… El final es apoteósico. El cine, el arte del paisaje, murió. Ya nadie puede concebir una diligencia cruzando el valle.

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  2. El móvil es un rectángulo, y su verticalidad soloes relativa, pues la mayoría del software actual se adapta a la vista horizontal. Aparte de la función panorámica, que supera los 180 grados. Aún así, un buen hallazgo, y un texto magnífico.

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